Grandes personajes de la historia mundial, políticos y escritores, han dedicado una especial atención a Ratisbona. Hombres y mujeres tamosos se han enamorado a primera vista de Ratisbona, se han dejado cautivar de la simpatía de sus gentes, de sus panorámicas seductoras, de los monumentos fascinantes y del inigualable encanto que llena las plazas y callejuelas de esta ciudad Alemana.
En algunos lugares puede usted cerrar los ojos y permanecer simplemente así, disfrutando el momento, perciba la ciudad con todos los sentidos desde el punto más septentrional del Danubio, y la mejor forma de descubrirla es a pie.
Los ciudadanos de Ratisbona sabían construir puentes. Ya en el siglo 12 lograron cruzar los 2 brazos del Danubio construyendo el Puente de Piedra, una maravilla del mundo. El “Bruckmandl” (la figurita de piedra) no se posó hasta el siglo 16 en el ventoso puente. Más allá del puente descubra usted el puro idilio en las callejuelas del barrio de Sfadtamhof. A los pocos metros de percatarse del ambiente de Ratisbona sentirá usted que esta ciudad quiere contarle su historia. Y usted debería acceder a esta invitación, ya que no existen muchas ciudades en el mundo, que revelen a sus huéspedes, de una forma tan cándida y apasionada, todos los acontecimientos que han tenido lugar en ellas.
Ciudad de las torres, ciudad de los sueños. En el casco antiguo de Ratisbona se encuentra una aglomeración de unos 1200 edificios históricos. Característicos son los palacios de los acaudalados patricios, cuyas relaciones comerciales se extendían hasta Kíev en el este y Venecia en el sur. Su riqueza quedaba manifiesta por las altas torres que se alzaban hacia el cielo y que ya se vislumbraban a lo lejos.